Biblioteca: “Asesinos seriales”, de Néstor Durigon (Ediciones B)

Vidas, patologías, destinos y crímenes: todo está en estas páginas, hasta los detalles más

escalofriantes. Esta obra compila cronológicamente la mayor información difundida sobre los nombres y las historias de cerca de noventa de ellos.
Los más famosos, los más prolíferos, los más sangrientos.

La criminología ha debatido durante siglos sobre cómo se construye un asesino, cómo se forja su deseo de matar y cómo transita el camino que va del deseo a la concreción. Los asesinos seriales matan tres o más personas y dejan pasar un tiempo entre cada asesinato. Las motivaciones son variadas y complejas, suelen matar de una forma similar y sus víctimas, en general, comparten alguna característica.
Nombres como los de Barbazul, Drácula, Jack el destripador, el Petiso Orejudo, el hijo de Sam y el Payaso Asesino, entre otros, han llegado a convertirse en leyendas. Pero existieron y sus actos fueron atroces: degollaban, empalaban, desollaban o descuartizaban a sus víctimas. A otros, les alcanzaba con drogarlas antes de matarlas. Algunos prefirieron enterrarlas en sus casas y otros llegaron a tener sexo con ellas después de muertas.
Hubo quienes ultimaron a un par de decenas, pero también está quien alcanzó la marca de trescientas. Cada uno tuvo su signo y su número, pero todos tuvieron algo en común: fueron los asesinos más brutales de todos los tiempos.